“Perfecto mundo imperfecto” ( de Isabel González)
Un niño tenía un perro con tres patas que jugaba al fútbol y atrapaba moscas como cualquiera. Niño y perro dormían juntos, veían la tele bajo la misma manta y todas las mañanas, a las nueve quince, se despedían llorando frente a las puertas del colegio. Allí, el muchacho aprendió a contar. Un tobogán en el parque, dos naranjas en el frutero, tres bombillas en la lámpara. Hasta tres no hubo problemas. Sin embargo, la tarde que contó cuatro, su madre lo encontró meditabundo en el sofá. El perro quería subirse a su regazo y el niño lo espantaba con la mano. —Ha perdido una pata —gruñó enfurruñado. Y se lanzó a buscarla bajo los muebles. Abrió los armarios, vació las estanterías y derribó los arcones en busca de la extremidad. La madre, arrepentida de no habérselo explicado nunca, lo detuvo, lo abrazó y le aseguró que ella lo arreglaría. Esa tarde, cuando el niño regresó de la escuela, la mesa estaba amputada, la silla tullida, la cama coja y sobre ella, como siempre, el perro perfecto.
Precioso micro. Los niños siempre nos enseñan que el mundo puede ser perfectamente imperfecto.
Saludos
Bonito relato. Lo mejor de lo niños es su inocencia. !Qué imperfección tan perfecta!. Aquí te regalo este otro microrrelato:
El miedo
Una mañana, nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula.
Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.
Eduardo Galeno
Eso es: la inocencia hace a los niños niños. Muy sugerente el microrrelato, idóneo para la reflexión.
Gracias!
Ya conocías mi opinión -en gran parte debida a mi ignorancia- sobre los microrrelatos, pero tengo que decirte que éste me ha hecho ver con claridad el verdadero valor de esta práctica.
¡Me ha encantado!
Me alegro muchísimo. Te invito, de veras, a que leas micorrelatos más a menudo.Es una lectura distinta a la de una novela, pero más intensa. Incluso se podría decir que se parece más a la poesia en tanto que los micorrelatos puedes leerlos y releerlos, saborearlos lentamente, vehemente.
¡Saludos!